Haneke

“Haneke” se llama así obviamente como una referencia meramente estética al director de cine Michael Haneke. Sus películas siempre me impactan, me hacen pensar. Y como en tantas otras cosas, yo agarro lo que me impacta, lo que me influye a nivel estético y creativo y me lo llevo a otro lado, a mi lado, en una historia distinta con un final distinto, con una reflexión distinta.

En la canción hay metáforas a tomas concretas de su película “Amor”, que me destrozaron al verlas. Lo que trato es manejar el sentimiento que crean en mí y llevármelo a una historia con un discurso totalmente distinto, uno propio. Sí en ‘Después de ti’ persigo la liberación que produce mandar al carajo (perdonad la expresión) a un “tóxico”, en ‘Haneke’ necesito pararme a pensar hasta qué punto podríamos perdonar, olvidar, y seguir con nuestra vida, sin permitir que el conocimiento de los “hechos” reales y probados nos triture la ilusión.

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Para empezar, musicalmente hablando, la canción esta en otro registro distinto de la estética plástica de Michael Haneke. Las películas de Haneke suelen ser lentas. Mi canción es un up-tempo cargado de energía para romper con la casi auto impuesta resolución drástica de que cualquier engaño acaba en separación.

Hay veces que es más importante y nos produce más felicidad saber perdonar que quedarnos en el hecho doloroso. Soy una melancólica dramática a la que le flipan y necesita los finales felices, aunque no sean el estándar de felicidad que acepta todo el mundo como lo idóneo. Sentir rabia es natural, enfadarse también, incluso volverse loco, pero hay que matar todo eso y darle una oportunidad al perdón, para perdonar a otros y perdonarnos a nosotros mismos. Preferir ser felices porque pesan más cosas en un total que un error. Lo contrario, por ejemplo, se expresa en ‘Después de ti’. Todas las opciones son válidas. A mí sólo me importan los finales felices para todo “pichipata”. Como veréis hay de todo y para todos. Podréis pensar que soy contradictoria, que en una canción digo una cosa, y en otras, otra cosa muy distinta, que donde dije digo, digo Diego (¿se dice así?) ¿Pero no es así en definitiva el ser humano? ¿No somos seres volubles al cambio? Racionales e irracionales por evolución genética. En definitiva, complejos. O eso se supone, o por lo menos nos ponen los primeros en la dichosa pirámide de la evolución… aunque a veces también piense que no estamos muy lejos de ese comienzo de “2001: A Space Odyssey” de Stanley Kubrick.

Puede resultar muy duro al oído ese “la maté porque era mía”. Pero es así. La opción de olvidar lo que sabemos, de matar un recuerdo (señor basurero hágame un favor…), el conocimiento de una infidelidad, por ejemplo, sacarlo de nuestra cabeza porque nos compensa más el total de una vida conjunta, esa opción, siempre será nuestra. De eso es lo que habla “Haneke”. Sí no es tu opción, es totalmente válido e igual de plausible. Esa es la maravilla de ser humano, no somos autómatas, ni pensamos todos por igual, en nuestra complejidad somos un entramado de hilos de recuerdos y vivencias que tejen un traje a medida para cada uno, y lo más importante: ese traje tenemos el derecho de cambiarlo cuantas veces sea necesario para ser feliz, no todo es cuestión de modas. Nosotros mismos somos nuestros únicos jueces. Es lo único que nos ayudará a sobrevivir a este mundo de opiniones dispares, confusas, “altruistas” e hirientes, de supuestos idóneos protocolarios que nos dictan cómo actuar como animal social. Esto dicho por una mujer, tal como soy, tiene un peso específico. Sé tú mismo, es lo único de lo que no te vas a arrepentir cuando volamos a la tierra siendo tierra. ¡Arre Unicornio! 😉

Profesionalmente me rodeo del mismo equipo que mencionaba en “Después de ti” y así con todos los que vengan. Es un lujo poder seguir contando con los mismos profesionales diez años después por convicción, no por obligación ni necesidad. Su talento al servicio de mis canciones, en definitiva, de vosotros, el público.

Vega

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